Rezando para que no me toque

Este texto es una tribuna publicada en El Diario de Navarra y puede leerse en pdf  aqui

Miles de internautas han lanzado desde sus PC millones de ataques contra las webs de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), del Ministerio de Cultura y de la patronal discográfica Promusicae, consiguiendo que estuvieran inoperativas durante horas. Este ataque, según afirman el grupo de internautas que lo provocó “Anonymous”, fue un acto de protesta contra el canon digital y la conocida como ley Sinde, que perseguirá a las páginas de descargas de material protegido con derechos de autor. No es la primera vez que ocurre, pero anteriormente los medios de comunicación no se hicieron eco de la noticia con el fin de no alentar a más internautas aunirse aeste grupo,or ealizar acciones similares.

El debate no se ha hecho esperar entre los que lo acusan de cibervandalismo y los que lo defienden como una mera y legitima forma de protesta. Lo cierto es que la repercusión mediática que ha provocado ha sido mucho mayor que cualquier acto de protesta aluso. Una de las características de internet es que la información fluye con gran velocidad y el control sobre ésta es muy difícil de mantener. La libertad de expresión impera en la red siempre que el contenido de una opinión no constituya un delito, por lo tanto los actos de protesta, bajo este punto de vista, deberían ser lícitos.

Muchos internautas utilizan la red para manifestar abiertamente su opinión sobre el Gobierno y las entidades públicas y privadas, y más con la proliferación de las redes sociales, donde el ciudadano explota su poder real. De hecho, no hace demasiadas fechas, una gran firma de ropa estadounidense se veía obligada a no cambiar el logo de su empresa por las numerosas protestas de sus fans manifestadas a través de Facebook, emails y Twitter.

Pero el hecho de expresar una opinión en la red sobre una entidad es bien distinto a bloquear una página porque no me gusta su contenido, o lo que ésta representa; el límite está bien claro y es obvio. Los sitios webs que viven de la publicidad y algunos medios de comunicación deberían preguntarse si han de dar cabida a este tipo de noticias o no, qué pasaría si mañana una opinión manifestada en una web de un periódico nog usta a este colectivo y aldía siguiente esta página aparece bloqueada por un ataque de denegación de servicio, conocido como“DoS”.

¿Loveríamos como cibervandalismo o como una legitima forma de protesta?

La SGAE despierta la antipatía de numerosos colectivos y en especial entre los internautas, y emitir opiniones al respecto de sus acciones me parece lícito y entra dentro de la libertad de expresión que caracteriza la red. Pero resulta agresivo, ilícito e intelectualmente débil,manifestar una opinión bloqueando un sitio web, utilizando herramientas agresivas de manera anónima, sin dar la cara, y el hecho de calificar a este hecho como un nuevo acto de protesta similar a las manifestaciones en pie de calle, “haciendo uso de la libertad de expresión”, es simplemente un despropósito.

Estamos en un terreno muerto, en el que hasta que no entre en vigor el nuevo código penal estos actos no constituyen un delito, y por tanto las autoridadescomolos tribunales no pueden hacer demasiado al respecto. Y mientras esperamos a que pueda ser penado por la ley, los proveedores de contenido estamos desprotegidos y sólo podemos emitir nuestra opinión al respecto, rezando para que no me toque a mí.

Hincándole el diente a Google

Este texto es una tribuna publicada en el Diario de Navarra y puede leerse en pdf aqui.

El pasado mes de septiembre, Pablo Hernández, subdirector de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), manifestó su opinión acerca del modelo de negocio de Google, calificándolo de “opaco”. Pablo Hernández además criticó la posición dominante del gigante de Internet, que acapara más el 96% de las búsquedas que se realizan en la red en nuestro país. No es la primera vez que se producen este tipo de declaraciones desde la SGAE, que se suman a la de editoriales, grupos de comunicación o gobiernos de países extranjeros que abren sus frentes en torno a Google.

Estas empresas y gobiernos temen al imperio que se ha forjado alrededor de la compañía:supoder, su gran capacidad económica y sus ambiciosos intereses, los cuales son vistos con recelo. A principios de año, Teddy Bautista, presidente del Consejode Direcciónde la SGAE, ya se pronunció al respecto del conflicto que mantienen Telefónica y Google, cuya intención es cobrar a Google Inc. por el uso de sus instalaciones, ya que es imprescindible para realizar su actividad.

Parece ser que la operadora no tiene suficiente con cobrar una cuota de línea fija mensual a cada usuario por utilizar su red. Para no desaprovechar oportunidades, Bautista salió al paso apuntando que “lo lógico es queTelefónica cobre de Google y luegonos pague a nosotros”. El hecho de que la SGAE hable de la “posición dominante” de Google tiene su gracia si tenemos en cuenta que este organismo, aunque sin ánimo de lucro,monopoliza el cobro de los derechos de los autores, e incluso ha sido cuestionada por la Comisión Nacional de Competencia (CNC).

La SGAE ha pasado por alto la última sentencia del tribunal en respuesta a la demandainterpuesta por Telecinco a You tube, en la que se declaraba que “no infringe los derechos de propiedad intelectual”. Y es que para la SGAE Internet es una amenaza,un campo incontrolable en el se hace difícil extender sus tentáculos, es imposiblede abarcar. Enlugar de aprovechar esa inmensidad inmensidad para abrirse camino hacia otros campos en defensa de los derechos de autor, utilizando esta herramienta en beneficio de sus afiliados, prefieren quedarse anclados en la cultura del vinilo. Lo cierto es que la SGAE tiene muchos frentes abiertos y se ha ganado la antipatía general de toda la sociedad.

Los internautas tienen en muy alta estima a Google; para ellos es la empresa amable, que les ofrece la posibilidad de obtener información de manera gratuita, rápida y aparentemente sin límites. El éxito del buscador se ve reflejado en el gran tráfico de visitas,quela sitúa como la páginaweb más vista. El modelo de negocio de Google es tan acertado que los usuarios, aunque percibieran ciertos tintes de opacidad, saldrían en su defensa porque les hace más fácil la vida y sin cobrar por ello.

En cambio la opinión que se tiene de la SGAE es muy diferente,mucho peor incluso que la de Hacienda, que históricamente ha sido el icono de entidad más odiada, por motivos obvios. La percepción negativa de la SGAE es abrumadora y empeora cada año, sin que los garantes de los derechos de autores y editores hagan nada por impedirlo. Más bien al contrario, parecen carecer de relaciones públicas y comunicación, además de tener un exceso de celo… y de abogados. Deeste modo, la SGAE debería tomar nota de Google siendo como es la institución española con peor prensa. En red es fácil encontrar miles de foros con opiniones desfavorables, por no hablar de las redes sociales y páginas web, en las que se hacen continuas referencias a su actividad “dudosa o engañosa”. Hoyporhoy, la SGAE está obsoleta en sus ideas, su mecanismo de actuación y, por supuesto, en su actuación respecto a las nuevas tecnologías 

Tirón de orejas a la SGAE

Este texto es una tribuna publicada en el periodico Expansión y puede leerse en pdf aqui

 

Ha llegado el esperado día en el que todos los que estamos en contra del canon digital, el impuesto que se aplica a la compra de todos los equipos, materiales y soportes de grabación y reproducción digital, estamos de enhorabuena. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sentenciado que la tasa sólo se puede cobrar a los particulares, pero no a personas jurídicas, por lo que empresas y administraciones deben quedar exentas.

Es un primer paso en una larga lucha en el ámbito de los derechos de autor, por parte de miles de personas que han considerado siempre que este canon no sólo era abusivo, sino que además partía de la base de que el usuario por defecto haría un uso inadecuado de los dispositivos de almacenaje y, por lo tanto, tendría que pagar de forma preventiva por ello. Este impuesto especial grava, por ejemplo, a las videocámaras con un costo de 6,61 euros por unidad, a cada CD y DVD vendido en España con un costo entre 0,17 y 0,60 euros cada uno o a teléfonos móviles con 1,10 euros, independientemente del uso que se les dé una vez adquiridos.

Esa cantidad pasa directamente a engrosar las cuentas de la SGAE, AIE, y Agedi, que la distribuye entre autores y editores como compensación por los derechos de divulgación de sus obras, que supuestamente podrían estar siendo reproducidos en estos soportes sin autorización del autor.

Esto se denomina “derecho de remuneración de gestión colectiva forzosa”. No discuto que una tasa sea necesaria y, mucho menos, que haya que salvaguardar los derechos de autores y editores, pero sí la manera en que se hace por medio del canon digital.

La tendencia internacional es la de crear una tasa y, de hecho, 22 de los 27 países de la Unión Europea ya la aplican. Lo que no tiene sentido es que sea de manera indiscriminada y se aplique a cualquier persona y actividad de forma preventiva. El canon digitalsupusounosingresosdeunos100 millones de euros el año pasado a las entidades de gestión (27 millones en el caso de la SGAE), sin duda un cuantioso ingreso.

Actualmente, este impuesto está recurrido por  varias asociaciones, vía contencioso – administrativa ante la Audiencia Nacional, y se abre ahora un campo de batalla en Europa que empieza a despejar dudas a favor de los colectivos que luchan en contra de esta tasa.

El sistemático enfrentamiento entre los internautas y la SGAE comenzó con esta tasa y, tal vez, es ese ael motivo por el que la SGAE fue declarada en una encuesta realizada a más de cuatro mil internautas, la entidad con peor consideración por parte de los españoles, puesto que históricamente recaía anualmente en el Ministerio de Hacienda.

Estamos en la mitad de una dura pugna que continuará y que posiblemente sea larga, pero, para los miles de personas que reivindicamos una tasa más justas sin que se nos señale como posibles infractores de manera preventiva, este tirón de orejas de Bruselas nos parece ya el anticipo de una victoria esperada

Música y lentejas

Esta es la tribuna ha sido publicada el pasado día 20 de Noviembre por el Diario 5 Dias, sobre la industría musical bajo el título “Música y Lentejas”. La verdad es que el título original era “Mi receta para la industria de la Música” y en ella incluía más ingredientes entre ellos “música, vaselina y lentejas”, pero en las páginas de un diario económico nacional la vaselina era… digamos que demasiado agresiva.

Puedes verlo en pdf aqui o verlo en la web de 5 Días aquí

Mi receta para la Industria de la música

Si el papel de internet ha sido decisivo en una industria, esa es la industria musical.
Las compañías discográficas durante la época de los 80 y los 90 han estado viviendo una época dorada, que se ha truncado de forma abrupta en este decenio. Las cuatro majors, Sony, Warner, Emi y Universal, acostumbradas a enormes rentabilidades y a poder ir aglutinando pequeños y no tan pequeños sellos discográficos dentro de sus catálogos, a actuar con soberbia con el usuario y los artistas, se han ido viendo poco a poco arrinconados por varios factores, que amenazan seriamente la viabilidad de estos gigantes con pies de barro.
En primer lugar el soporte obsoleto; el CD. Ha envejecido mal, muy mal. Lejos del glamour y ventas sostenidas que aun hoy tiene para nostálgicos el vinilo, la fabricación, stockaje, distribución, gestión de vendidos y distribución del cd lo convierte en un soporte obsoleto en vías de extinción. Morirá, y esta vez no habrá siquiera unos pocos nostálgicos que le echen de menos.
También la piratería. Este es un tema extremadamente complejo que crea la paradoja de enfrentar a la industria con quienes son, o al menos  deberían ser, sus propios clientes. No hay postura más absurda que la de no navegar paso a paso de la mano de la sociedad, atendiendo sus demandas, adaptándose a los tiempos y así explorar nuevos modelos de negocios aprovechando la tecnología. Eso las majors parecen no entenderlo e insisten en demandas contra creadores de software, usuarios finales que descargan música, y páginas web que enlazan mp3.
Para comprender el fenómeno de la piratería la industria debe mirarse en el espejo y entender que el papel de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que actúa cual Gestapo del Siglo XXI amedrentando y demandando al consumidor final con situaciones pintorescas propias de un cómic satírico, no hace sino alimentar una defensa de las descargas ilegales por parte de ciertas élites intelectuales. El canon digital, es una de las vergüenzas de nuestros días, una situación transitoria que debe finalizar por el bien de la industria y los usuarios, y este será un punto imprescindible para que llegue la paz social, en este enfrentamiento abierto dentro del sector de los contenidos musicales.
Otro problema añadido es el papel de las majors en España, sin margen de maniobra a nivel estratégico, y dependiendo exclusivamente de sus matrices en Londres y Nueva York, no tienen sus directivos más preocupación que los resultados del próximo trimestre para contentar al patrón. Eso nos lleva a una política de tierra quemada que impide la creación de un sector de distribución musical que pueda a un precio coherente evangelizar e ir convirtiendo usuarios captados desde el “lado oscuro”, sin amenazar, sin amedrentarles, utilizando un precio por fin razonable (lejos de los absurdos precios de los cds de la época dorada de la música) y respondiendo a las demandas actuales.
Tal vez por ello recomiendo lentejas, hay que adaptase a la sociedad y dejar de lamentarse de que cualquier tiempo pasado fue mejor, hoy ningún artista venderá en España un millón de copias a 18 Euros, esa época se fue. Y si las discográficas pretender seguir con su enfrentamiento con artistas y sociedad, mi recomendación y receta, si, lo se , algo escatológica, se centraría en la vaselina porque la van a necesitar.
Tan sólo hay dos cosas que no interesan a los jóvenes españoles; una es aprender ortografía y la otra pagar por la música. La segunda está en manos de la habilidad de la industria discográfica revertirla, la primera ya se me antoja más difícil.

Si el papel de internet ha sido decisivo en una industria, esa es la industria musical.

Las compañías discográficas durante la época de los 80 y los 90 han estado viviendo una época dorada, que se ha truncado de forma abrupta en este decenio. Las cuatro majors, Sony, Warner, Emi y Universal, acostumbradas a enormes rentabilidades y a poder ir aglutinando pequeños y no tan pequeños sellos discográficos dentro de sus catálogos, a actuar con soberbia con el usuario y los artistas, se han ido viendo poco a poco arrinconados por varios factores, que amenazan seriamente la viabilidad de estos gigantes con pies de barro.

En primer lugar el soporte obsoleto; el CD. Ha envejecido mal, muy mal. Lejos del glamour y ventas sostenidas que aun hoy tiene para nostálgicos el vinilo, la fabricación, stockaje, distribución, gestión de vendidos y distribución del cd lo convierte en un soporte obsoleto en vías de extinción. Morirá, y esta vez no habrá siquiera unos pocos nostálgicos que le echen de menos.

También la piratería. Este es un tema extremadamente complejo que crea la paradoja de enfrentar a la industria con quienes son, o al menos  deberían ser, sus propios clientes. No hay postura más absurda que la de no navegar paso a paso de la mano de la sociedad, atendiendo sus demandas, adaptándose a los tiempos y así explorar nuevos modelos de negocios aprovechando la tecnología. Eso las majors parecen no entenderlo e insisten en demandas contra creadores de software, usuarios finales que descargan música, y páginas web que enlazan mp3.

Para comprender el fenómeno de la piratería la industria debe mirarse en el espejo y entender que el papel de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que actúa cual Gestapo del Siglo XXI amedrentando y demandando al consumidor final con situaciones pintorescas propias de un cómic satírico, no hace sino alimentar una defensa de las descargas ilegales por parte de ciertas élites intelectuales. El canon digital, es una de las vergüenzas de nuestros días, una situación transitoria que debe finalizar por el bien de la industria y los usuarios, y este será un punto imprescindible para que llegue la paz social, en este enfrentamiento abierto dentro del sector de los contenidos musicales.

Otro problema añadido es el papel de las majors en España, sin margen de maniobra a nivel estratégico, y dependiendo exclusivamente de sus matrices en Londres y Nueva York, no tienen sus directivos más preocupación que los resultados del próximo trimestre para contentar al patrón. Eso nos lleva a una política de tierra quemada que impide la creación de un sector de distribución musical que pueda a un precio coherente evangelizar e ir convirtiendo usuarios captados desde el “lado oscuro”, sin amenazar, sin amedrentarles, utilizando un precio por fin razonable (lejos de los absurdos precios de los cds de la época dorada de la música) y respondiendo a las demandas actuales.

Tal vez por ello recomiendo lentejas, hay que adaptase a la sociedad y dejar de lamentarse de que cualquier tiempo pasado fue mejor, hoy ningún artista venderá en España un millón de copias a 18 Euros, esa época se fue. Y si las discográficas pretender seguir con su enfrentamiento con artistas y sociedad, mi recomendación y receta, si, lo se , algo escatológica, se centraría en la vaselina porque la van a necesitar.

La SGAE supera a Hacienda como la entidad más odiada por los españoles

Casi me da hasta un poco de pereza hablar de la SGAE; me parece fácil y hasta un recurso de manual de conferenciante de tres al cuarto:Si algo falla, métete con la SGAE, te meterás el auditorio en el bolsillo, … y ellos ya están más que acostumbrados“.

Acostumbrados o no, la verdad es que son tremendos y voraces. A la gente le rebota su prepotencia, el canon digital, su chulería legal y como actúan como John Wayne en el Salvaje Oeste, el resto de las personas del mundo son los indios, y eso si, los hombres de Teddy van acompañados de una enorme corte de abogados.

(Me encantaría saber que costo tiene para estos chicos los servicios jurídicos propios y externos, deberían dejar parte de ese presupuesto para comunicación, para intentar mejorar su imagen, pero parece que este punto para ellos no tiene interés).

A mi, entendiendo las diferentes sensibilidades, lo que más me molesta es que se crean, y lo peor, que de facto en ocasiones sean, la “ley y el orden”, eso me parece de verdad intolerable y en muchas personas en España ha calado la percepción de esta organización como una parte del sistema, no como una organización privada sino como parte de la administración. Vamos, que si llaman al timbre de casa y son la SGAE que quieren ver tu cuarto, hay gente que puede pensar que debe dejarles entrar, como si se tratará de la misma policía con una orden judicial en sus manos.

Pese a todo esto, entiendo que hay un problema de derechos de autor, y entiendo que el Gobierno esta intentando solucionarlo con modificaciones en la ley de Derechos de Autor existente.

Es un tema complejo del que una parte del problema es la SGAE. Su voracidad hace que el cruzar ciertas lineas tenga un aliciente más, un aliciente de rebelión y confrontación contra lo injusto y un pensar “que se jodan”. Lo malo es que al final, también pagan justos por pecadores y es tremendamente difícil encontrar el punto medio entre los abusos de la SGAE y cuando los usuarios ya que nos dan la mano nos tomamos el brazo.

Sea como fuere, en el Estudio de Hábitos de Internet de Ocio Networks hemos querido preguntar sobre la SGAE, sobre los derechos de autor y de propiedad intelectual, sobre los contenidos audiovisuales, cine, música, tv…

En primer lugar, la percepción de la SGAE como garante de los derechos de autor hasta lo extremo les coloca en una posición histórica en la democracia en España. Generalmente siempre la organización de peor percepción por parte de la gente ha sido la dolorosa; la Agencia Tributaria. Esto ha quedado atrás y la SGAE se convierte para un 59,9% de los encuestados en la marca más odiada de España, seguida muy de lejos por Hacienda (14%) y Telefonica (12,8%)

1odiada

Lo que me parece muy interesante es analizar el resultado de la percepción de la SGAE en 2 grupos diferentes de internautas. Los que descargan música, y no están dispuestos a abandonar este hábito, o los que además de descargar música declaran comprar (en CD o en formato digital) música de sus artistas favoritos. Es ahí, donde vemos que la imagen de la SGAE es peor en el grupo de usuarios que si está dispuesto a pagar por el consumo de música, y es ahi donde se ve claramente el daño que algunas actitudes están haciendo al sector. De los internautas que están dispuestos a pagar por el consumo de música, la percepción negativa de la SGAE sube hasta casi un 70%

2-percepción

Sobre el canon digital, un 86,1% de los internautas considera que el canon digital es injusto, sin embargo, sólo un 56% lo suprimiría, una idea más extendida entre los encuestados de 21 a 40 años. Son los menores de 16 años (con un 33,2%) los que en mayor medida consideran que el canon digital es justo. Porcentaje que también es superior a la media española entre los jóvenes de 16 a 20 años (con un 22,3%). A partir de los 21 años, la opinión sobre la justicia del canon es más homogénea, pues sólo alrededor del 10% de los encuestados considera que se trata de una medida justa.

Por Comunidades Autónomas, llama la atención el caso de La Rioja, donde sólo un 58,8% de los encuestados lo considera injusto, muy por debajo de la media del resto de España.

3

Y aquí el detalle de lo que antes hablaba, casi un 22% de la población cree que la SGAE es un organismo público y no una entidad privada. Entiendo que eso es una deducción hasta casi lógica si se sigue en los medios de comunicación como en ocasiones actúan con los derechos de la sociedad civil.

Llega incluso a existir una opinión mayoritaria (85,9%) a favor de medidas para limitar el poder de la entidad. Ya que, además, la gran mayoría de los internautas (90,3%) considera que la SGAE ha llegado a abusar de ciudadanos y entidades.

En cuanto a las descargas de música y películas a través de Internet, un 47,8% reconoce bajarse música pero también la adquiere de forma reglamentaria, mientras que un 56% de los encuestados se descarga películas de la Red al mismo tiempo que va al cine habitualmente.
Por otro lado, un 42,9% de los encuestados estaría a favor de la creación de una entidad pública de defensa de los derechos de autor. A pesar de que los internautas de 21 a 40 años son los más críticos con la SGAE y el canon digital, son los que más apoyarían, junto al colectivo de 41 a 50 años, la creación de una entidad pública de defensa de los derechos de autor. Mientras que apenas un 35% de los más jóvenes crearía una entidad de este tipo si estuviera en su mano.
Puedes ver el estudio completo del Canon Digital aqui:
Pagar por consumo de música:

En cuanto a la disposición de los usuarios por el consumo de música en Internet, un 62,8% de los encuestados se muestra en contra. Por segmentos de edad, se observan grandes diferencias entre los mayores y menores de 21 años. Entre los internautas de 20 años o menos, ni siquiera uno de cada cuatro estaría dispuesto a pagar por el consumo de música, mientras que dicho porcentaje llega casi al 50% entre los 31 y 40 años.
Los internautas que sólo descargan están menos dispuestos al pago por su consumo a través de la Red. Mientras que entre los usuarios que acceden a la música con descargas y streaming están mucho más dispuestos al pago a través de Internet.
a1
Pagar por consumo de cine:
El cine historícamente se defiende mejor de las descargas y aguanta mejor el tipo que el sector discográfico.
Un 56% de los encuestados descarga peliculas y ademñas va al cine, un 29% sólo va al cine y un 14% sólo descarga películas sin acudir a los cines.
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Pagar por consumo de Tv en línea:

El rechazo al pago por el consumo de televisión a través de la Red es aún mayor que en el caso de la música, pues un 77% no estaría dispuesto a pagar.
Otra diferencia adicional respecto al caso de la música es que las diferencias por edad son mucho menores. En ningún tramo de edad se llega al 30% de disposición de pago, lo que refleja un rechazo mucho más unánime de los internautas al pago por el consumo de televisión que al de música.
Por otro lado, los no usuarios de redes sociales son los menos dispuestos a pagar en Internet por el consumo de TV (sólo el 17% estaría dispuesto a ello). Mientras que entre los usuarios de redes sociales la disposición se sitúa en torno al 25%.
a3
El estudio sobre cine, música y tv lo puedes ver aqui:
Un 86,1% de los internautas considera que el canon digital es injusto, sin embargo, sólo un 56% lo suprimiría, una idea más extendida entre los encuestados de 21 a 40 años. Son los menores de 16 años (con un 33,2%) los que en mayor medida consideran que el canon digital es justo. Porcentaje que también es superior a la media española entre los jóvenes de 16 a 20 años (con un 22,3%). A partir de los 21 años, la opinión sobre la justicia del canon es más homogénea, pues sólo alrededor del 10% de los encuestados considera que se trata de una medida justa.
Por Comunidades Autónomas, llama la atención el caso de La Rioja, donde sólo un 58,8% de los encuestados lo considera injusto, muy por debajo de la media del resto de España.

Lo que faltaba; ¿me van a cachear y buscar Mp3 en mi Iphone?

Estoy literalmente impresionado por un post de TecnoGirl en impresionante.net, en el que leo que la policía australiana discute la posibilidad de registrar los aparatos de los usuarios en busca de Mp3 ilegales a la hora de subir a un avión.

Suena a ciencia ficción pero no es un caso aislado. En Estados Unidos (¿pero no eran estos los del Reino de las Libertades?) desde hace tiempo es legal la revisión de portátiles, teléfonos móviles y cámaras digitales, lo que violaría al máximo el concepto de privacidad del usuario incluso sin existir sospecha alguna.  La ley les permite además confiscar el aparato.

¿Te imaginas a un policía en las aduanas de JFK en NYC, revisando tu portátil y correo a ver si eres un peligroso terrorista? . Donde quedaron los tiempos casi románticos en los que para viajar a USA te preguntaban en la cola del embarque “¿tiene intención de atentar contra el presidente de USA?”, “¿forma usted parte de algún grupo terrorista?”. ¿Es todo esto que ya nos puede suceder una versión actualizada de aquello?. No lo sé, pero desde luego si es un grave atentado a la privacidad.

Por cierto, que unos amigos hace 7-8 años, tan guasones como poco hábiles, entre risas en el Aeropuerto de Barajas, si respondieron formar parte de un grupo terrorista ante la pregunta del amable encargado de seguridad de American Airlines. Digamos que al llegar a JFK tuvieron un recibimiento “especial” y “muy largo”. Hay cosas que mejor no tomarse a broma, sobre todo con gente que se las toma muy en serio 😀

Pero volviendo a Australia, lo peor de estás noticias es que se publican, se leen y dan ideas. No descartemos que Teddy Bautista saque la brillante conclusión de que lo ideal es poner un guardia civil con un auditor de la SGAE en las colas de seguridad de los aeropuertos españoles a revisar ipods, Iphones etc, porque, a malas hasta lo consigue, como todo lo que pide por esa boquita 😀

La SGAE no tiene limites

La voracidad de la SGAE no tiene limites. Se acaba de conocer que han ganado un pleito a unos DJ por remezclar música de canciones en fiestas universitarias.

El Juzgado de Primera Instancia número 8 y Mercantil de León dictó sentencia el pasado 7 de julio de 2008 en la que estima íntegramente la demanda interpuesta por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) contra el local de León Delirium House.

La fiestas se realizaban en un local universitario frecuentado por Erasmus. El local declaró que sólo reproducia música de actualidad con licencia Creative Commons, que no obliga a pagar derechos de autor. Pero el juez entendió que bajo la denominación “música de actualidad” posiblemente habia que pagar derechos ya que según la SGAE y el juez es “impensable” que un local reproduzca música alternativa libre de derechos hoy en día, sino que siempre se acabará emitiendo es la que aparece en radios y televisiones.

El juez condena condena a la parte demandada a 2.289 euros en concepto de indemnización más las costas del juicio.

Esto me da a pensar que la SGAE debe tener el mayor ejertito de abogados del mundo. No se cuantas denuncias pueden llevar a cabo paralelamente a nivel nacional, preocupándose de situaciones vergonzantes, como cuando han aparecido (y fueron condenados por ello) en bodas grabando con video que se emitía música para luego demandar al local y los contrayentes.

Los verdaderos piratas no son unos chavales que mezclan en una discoteca música de canciones. La SGAE va haciendo estas payasadas en vez de buscar y solucionar las raices (si, las de verdad) de los problemas. Simplemente con un canon que les hace ingresar por la venta de todo tipo de dispositivos, móviles incluidos entre 1 y 3 € deberían tener un poquito de verguenza torera y dejar a la gente de a pie vivir en paz.

El negocio del Iphone: En España no sólo ganan Telefónica y Apple

Llega el Iphone, (lo vamos a ver hasta en la sopa.)

(Por cierto, ya era hora de que llegará, porque en este pais siempre vamos a una segunda velocidad.)

Las previsiones de Telefónica Móviles de colocar entre 800.000 y 1.000.000 de terminales y eso debe hacer feliz, muy feliz, a los chicos de Telefónica Móviles en su batalla con Vodafone en el mercado doméstico, a los chicos de Apple en su batalla por imponer y distribuir su hardware bajo sus condiciones leoninas, pero quien de verdad está encantado y no tendrá que esforzarse lo más mínimo en este lanzamiento son los chicos de la SGAE que tras ser aprobado el canon para móviles recibirán directamente por cada móvil vendido con MP3 1,1 euros, mientras que los MP3 y MP4 se cargan con 3,15 euros.

La cuenta de la vieja nos dice que sólo el despliegue de Apple/Telefónica Móviles llevará a lo largo de los próximos meses a la SGAE entre 2.800.000 y 3.150.000 Euros.

Con esos 500 millones de las antiguas pesetas, injustamente recaudados,  se pueden hacer muchas cosas. Veremos si la SGAE destina el 100% de esa cantidad -menudo chollo- a regalar caramelos entre sus afiliados, o a reclutar nuevos abogados para maletín en mano presionar, intentar cerrar bocas y amenazar a todo el que levanta la voz en su contra.