Del Plan E al Efecto E

Este texto es una tribuna publicada en el Diario de Sevilla el 17 de noviembre y puede leerse en pdf aqui

 

Nuestras ciudades siguen llenas de enormes carteles que anuncian el ocaso de lo que fue el famoso Plan E, un perfecto ejemplo de la (absurda) economía soviética: 100 hombres abriendo zanjas para semanas después tener otros 100 hombres cerrándolas, todo ello presidido por un enorme cartel promocional que indica “hombres haciendo zanjas”. ¿Cuántos millones de euros malgastados en enormescartelesde1.500 euros cada uno?

El controvertido Plan E que prometía proveer al país de una economía sostenible no ha hecho más que poner parches a las consecuencias devastadoras que está dejando la crisis económica. Para muchos de nosotros el Plan E fue un absurdo desde el día que se anunció; significaba pan para hoy y hambre para mañana. Desde el primer momento, estas medidas fueron un divertimento, una ridícula manera de dar empleo temporal a miles de personas, esperando que entre tanto amainara la tormenta, cosa que no ha sucedido.

Entre las muchas razones para la puesta en marcha de este plan podría estar la de la falta de previsión, aunque la opción más acertada es la falta de conocimiento y la necesidad continua, por parte del Gobierno, de ofrecer una cara amable, políticamente correcta y, por supuesto, con talante. Venga el problema que venga, ¡sonrían, que nos están mirando! Y digo yo, ¿no hubiera sido más fácil, y más sensato, invertir esos recursos en generar valor, en crear empresas que luego con ese empujón pudieran haber salido adelante y dar trabajo a medio plazo a más personas? Pues por lo que parece no. A buen seguro que una de las razones es que generando valor real no se hubieran podido llenar las calles de enormes carteles promocionales, y la percepción de que “se está haciendo algo” no hubiera existido.

Estamos en el mundo de las apariencias, donde a nuestra clase dirigente le importa más que “parezca” que se hace algo a que se ha cosas más efectivas si no son rentables en términos políticos inmediatamente. Si la primera parte de la crisis la marcó el Plan E, la segunda parte en la que estamos inmersos la marca el Efecto E. Desde hace algunos meses, en el mundo financiero, sobre todo fuera de España y de forma más acentuada fuera de Europa, se habla del Efecto E, esto es, el “riesgo país”, que hace que, especialmente desde Estados Unidos y Asia, haya muchas reticencias a invertir en compañías españolas por el miedo y la inseguridad que generamos fuera de nuestras fronteras.

Durante el mes de septiembre el número de desempleados en España superó los los 4 millones. Con el paro por las nubes, con una reforma laboral cada vez más descafeinada y con nuestros actuales problemas estructurales y de deuda soberana, a ojos de los inversores no hay pocas, sino poquísimas posibilidades, de que España salga del pozo antes de cuatro o cinco años.

Esta percepción, exagerada o no, marca las relaciones de pymes españolas con sectores exteriores. En un momento de mercado en el que en clave interna el ICO no está (ni se le espera), los bancos recortan los créditos, ya que consideran que existe una falta de calidad en la demanda de éstos, y la consecuencia más palpable es el descenso en el consumo y en la liquidez de los ciudadanos Según afirmó la vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, la concesión de créditos a autónomos ha aumentado durante el año 2010 un 28% respecto al año anterior. Parece un porcentaje aceptable, dadas las circunstancias. No obstante, si sacamos las cuentas, un 28% respecto al año anteriorson sólo 53.400 empleados; esto quiere decir que únicamente un 2% del total del colectivo se ha visto beneficiado por las facilidades financieras del crédito oficial del Estado.

De nuevo nos disfrazamos de cifras y porcentajes para que “ parezca” que avanzamos. En estas circunstancias, lo único que nos faltaba que se cerrara es el acceso a la financiación internacional y, desgraciadamente, de forma paulatina está sucediendo: es la principal consecuencia del Efecto E. Hace pocas fechas un fondo de capital riesgo americano que estaba interesado en una innovadora pyme española hace ya más de dos años, nos comentaba que habían desistido de participar en la compañía debido al “riesgo país”. Un intangible cruel, que hace que nuestras empresas compitan en peores condiciones al no existir apenas financiación local y al estar cerrado el grifo de financiación internacional simplemente por el hecho de ser españoles.

Tenemos que mirar al exterior, intentar generar confianza con nuestras actuaciones y, ahora más que nunca, pensar en global, no sólo en el mercado local. Ésa es a día de hoy la única posibilidad de que desde fuera nos vean como un país de oportunidades, que volvamos a ser lo que hasta hace bien poco fuimos, en una época menos lejana de lo que parece. ..

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