Tirón de orejas a la SGAE

Este texto es una tribuna publicada en el periodico Expansión y puede leerse en pdf aqui

 

Ha llegado el esperado día en el que todos los que estamos en contra del canon digital, el impuesto que se aplica a la compra de todos los equipos, materiales y soportes de grabación y reproducción digital, estamos de enhorabuena. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sentenciado que la tasa sólo se puede cobrar a los particulares, pero no a personas jurídicas, por lo que empresas y administraciones deben quedar exentas.

Es un primer paso en una larga lucha en el ámbito de los derechos de autor, por parte de miles de personas que han considerado siempre que este canon no sólo era abusivo, sino que además partía de la base de que el usuario por defecto haría un uso inadecuado de los dispositivos de almacenaje y, por lo tanto, tendría que pagar de forma preventiva por ello. Este impuesto especial grava, por ejemplo, a las videocámaras con un costo de 6,61 euros por unidad, a cada CD y DVD vendido en España con un costo entre 0,17 y 0,60 euros cada uno o a teléfonos móviles con 1,10 euros, independientemente del uso que se les dé una vez adquiridos.

Esa cantidad pasa directamente a engrosar las cuentas de la SGAE, AIE, y Agedi, que la distribuye entre autores y editores como compensación por los derechos de divulgación de sus obras, que supuestamente podrían estar siendo reproducidos en estos soportes sin autorización del autor.

Esto se denomina “derecho de remuneración de gestión colectiva forzosa”. No discuto que una tasa sea necesaria y, mucho menos, que haya que salvaguardar los derechos de autores y editores, pero sí la manera en que se hace por medio del canon digital.

La tendencia internacional es la de crear una tasa y, de hecho, 22 de los 27 países de la Unión Europea ya la aplican. Lo que no tiene sentido es que sea de manera indiscriminada y se aplique a cualquier persona y actividad de forma preventiva. El canon digitalsupusounosingresosdeunos100 millones de euros el año pasado a las entidades de gestión (27 millones en el caso de la SGAE), sin duda un cuantioso ingreso.

Actualmente, este impuesto está recurrido por  varias asociaciones, vía contencioso – administrativa ante la Audiencia Nacional, y se abre ahora un campo de batalla en Europa que empieza a despejar dudas a favor de los colectivos que luchan en contra de esta tasa.

El sistemático enfrentamiento entre los internautas y la SGAE comenzó con esta tasa y, tal vez, es ese ael motivo por el que la SGAE fue declarada en una encuesta realizada a más de cuatro mil internautas, la entidad con peor consideración por parte de los españoles, puesto que históricamente recaía anualmente en el Ministerio de Hacienda.

Estamos en la mitad de una dura pugna que continuará y que posiblemente sea larga, pero, para los miles de personas que reivindicamos una tasa más justas sin que se nos señale como posibles infractores de manera preventiva, este tirón de orejas de Bruselas nos parece ya el anticipo de una victoria esperada

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