Estamos en una sociedad en la que el fracaso es algo muy negativo, posiblemente demasiado, y personalmente me parece que hay que relativizar el fracaso emprendedor.
Por mi experiencia el fracaso (en un proyecto, en una empresa, en un cargo…) no tiene porque ser necesariamente negativo, es más es algo en ocasiones tan necesario como positivo.
Los emprendedores más jóvenes en España ante el fracaso acaban tomando 2 caminos diferentes;
unos lo siguen intentando, otros buscan un trabajo y se olvidan de la idea romántica de emprender.
Pienso que ninguna de esas 2 opciones es mala; la clave es saber cual es la más acorde a tu tiempo vital, tu posición y tu perfil. No ser un buen emprendedor no es malo, hay gente que operativamente tiene un perfil para trabajar en una gran corporación, para dirigir equipos y llevar a cabo cargos de responsabilidad, y eso es muy positivo. Hay gente que no tiene madera para ser asalariado, y quiere emprender a toda costa. Ambos casos son buenos, la clave es que te conozcas, que veas tus posibilidades y elijas tu camino, y eso si, que una vez elegido intentes ser bueno, y si es posible el mejor en lo tuyo.
En un ambiente de emprendedores, muchas veces se ha impulsado al fracaso a personas que, teniendo brillantes carreras y trabajos, no tenían ese perfil, esa madera de emprendedor, y en vista de su éxito para terceros han sido en ocasiones forzados a emprender abandonando una carrera de éxito y dirigiéndose a un fracaso. El caso más reciente lo ví en un director de un periódico, que, siendo periodista de prestigio había acabado controlando y gestionando una enorme corporación a la que pertenecía pero que no comprendía. Simplemente quería volver a escribir, y dejar esas responsabilidades, pero se sentía moralmente atado por el agradecimiento a los que le nombraron y por el “fracaso” de regresar a su sitio natural.

El fracaso en España no vende, los fracasados son socialmente denostados, y eso choca con otras concepciones de fracaso en otras culturas. En USA por ejemplo, cuando un joven emprendedor necesita capital, el presentar un par de fracasos previos es un signo positivo. Por supuesto nadie quiere vivir en el fracaso, pero el fracaso como experiencia y punto de inflexión es positivo. Un buen amigo, y mejor persona, Bussines Angel en Miami, de los que invierten en USA y Latinoamérica hasta 7 cifras, me comentaba hace unos días por teléfono como
el fracaso se ha convertido ya en un requisito más en momentos de dificultad ecónomica como los acuales. “
¿Voy a dejar mi dinero en tus manos?. ¿Has tenido cantidades así para gestionar alguna vez?. ¿Alguna vez antes has nadado contracorriente?” Estoy rotundamente de acuerdo con ese pensamiento. Siempre me quedaré más tranquilo si el emprendedor me gusta y veo que ha fracasado previamente en alguna iniciativa pero ha vivido esa experiencia y ha aprendido de ella, en cierta forma ese fracaso es el pilar sobre el que trata de construir un éxito. No me cabe ninguna duda de que si has pasado y vivido dificultades, si estás llegan de nuevo no te pillarán de nuevas, sabrás donde te equivocaste la otra vez y estarás más preparado para afrontar el reto que personas que no han vivido un fracaso previo.
Algo de eso está en USA implícito en el tópico del
Self-Made Man, el hombre hecho a si mismo. En la cultura anglosajona el fracaso no es premiado, pero es tolerado como parte del sistema, y el que fracasa no es condenado a perpetuidad.
Otras culturas, como la japonesa por ejemplo, no sólo no entiende el éxito sin el fracaso, sino que además en cierto modo no está bien visto, se considera hasta en cierto modo “un golpe de fortuna” llegar directo al éxito sin un fracaso anterior. Es moralmente un punto de inflexión necesario.
Al margen de diferencias culturales,
yo siempre animaré a emprender y a intentar una segunda y una tercera vez perseguir tu sueño, crear una empresa y lograr tus objetivos, y más ahora que nunca ya que vivimos en un momento especial, que las nuevas tecnologías como vehículo facilitan esa figura del emprendedor, algo que es mucho más complicado en otros sectores, como por ejemplo la industria, la empresa tradicional etc. Pero creo que también hay que saber cuando parar. Si llevas años emprendiendo y cosechando fracasos, también debes pensar que “a lo mejor no es lo tuyo”, y eso no es despectivo, es clave conocerse, encontrar el hueco que seguro que hay en la sociedad para ti, y dentro de él desarrollarte en la medida de tus posibilidades, pero siempre con ambición y esfuerzo.
El problema del fracaso es cuando no lo aceptas, no lo reconoces internamente y no pasas la línea -a veces dura- necesaria para poder aprender de él. Emprender y fracasar es experiencia, el fracaso real es no atreverse a intentar llegar donde una vez soñaste que llegarías.
Mario Dehter, única persona que ha visto este borrador antes de publicarse (y creo que es la primera vez que he mostrado uno antes de ponerlo online) y que no hace demasiadas fechas escribió
un post sobre el fracaso , me recalca muy acertadamente que “el fracaso es parte del maravilloso acto de vivir con éxito”.
Generalmente al hablar de nosotros mismos tendemos a minimizar y en cierto modo justificar nuestros fracasos en un trabajo o un emprendimiento en nuestro curriculum. Mucha gente los relativiza en un resumen rápido, pasado de puntillas,o mencionándolos al resumir su trayectoria con una frase intrascendente o los típicos “no era el momento”, “las circunstancias no eran propicias”, “tuvimos mala suerte” … la realidad es que yo, si miro atrás, he aprendido mucho más de mis fracasos que de mis –pocos- éxitos y creo que en los malos momentos es cuando he forjado mi perfil como emprendedor y como empresario, y en definitiva y es lo más importante, como persona.
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