Entrevista en La Voz de Asturias



 

 

Alejandro Suárez Sánchez- Ocaña es un empresario vinculado al mundo de las nuevas tecnologías que ha aprovechado su experiencia como emprendedor para escribir el libro Ha llegado la hora de montar tu empresa. El texto pretende ser un diagnóstico de la situación actual y explicar las alternativas que existen.

 ¿Qué importancia tienen los emprendedores en un contexto de crisis como el actual?

En este momento son tremendamente importantes. En 1977 el 30% de los españoles era emprendedor, ahora solo el 6%. En un escenario con casi 5 millones de parados, es una pieza clave y fundamental. Desde que comenzó la crisis se han perdido 350.000 empresas, 260.000 autónomos y hay 3 millones de empleos menos.

 Pero los bancos tienen cerrado el grifo del crédito.

La financiación es un problema muy evidente, pero hace 15 años era similar. Ahora los bancos tienen cerrado el grifo y el ICO es más fácil que preste a ACS 250 millones que al pequeño tendero de la esquina 10.000 euros. La línea para emprendedores de ICO directo rechaza el 70% de los préstamos de autónomos. Pese a ello, hay otras líneas de financiación alternativas, como gobiernos autonómicos y el central o los fondos de capital riesgo. La situación ahora es mejor que hace años.

¿Qué particularidades tienen los emprendedores asturianos?

La mayor diferencia es que el 50% de los asturianos, si estuviera en paro, montaría una empresa propia, una cifra bastante por encima de la media nacional.

¿Existe una cultura emprendedora en España?

 Se fomenta la creación, pero no su mantenimiento. El 90%cierra antes de 3 años, y eso es un porcentaje brutal, por lo que hay que apoyar a las empresas en su creación pero también en los primeros años de actividad.

¿A qué se debe ese alto índice de fracaso?

Es un error formativo. El empresario acaba siendo un hombre orquesta, que raramente delega y que quiere hacer más de lo que puede. El motivo principal suele ser el ahorro de costes, y eso no funciona si queremos que el proyecto sea estable. Muchas veces, por no pedir la financiación necesaria se emplea el tiempo en actividades secundarias.  

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